A un año del desalojo y muerte de Tuli Micieli, su hija pide “Justicia por el atropello que sufrimos”

En diálogo con Saavedra Online, Virginia Micieli sostuvo que tras sufrir “un desahucio ilegal en plena pandemia” su padre “entró en depresión hasta morir” semanas después.

Hace un año desalojaron al vecino Bernardino “Tuli” Micieli de la vivienda que habitaba su familia desde hacía décadas en el cruce de Melián y Vilela, frente al Parque Saavedra. Semanas más tarde, falleció en el suelo de un inmueble a pocas cuadras, también en el barrio de Saavedra.

“Se dejó morir esos 45 días, estaba muy deprimido por lo que pasó”, dice su hija Virginia y responsabiliza a las autoridades porteñas por haber “hecho un desalojo ilegal en plena pandemia”. Al respecto, anticipa que presentará una nueva denuncia ante la Justicia.

“Un año después de la pérdida de mi papá estoy devastada, lo extraño mucho. Íbamos a dar vueltas al parque. Desde que pasó todo solo volví al barrio un par de veces. Vengo a Saavedra y me descompongo de la angustia”, agrega la hija del medio de Tuli en diálogo con este portal.

Ella también vivía en el predio de Melián junto a D, su hija de siete años. Los tres estaban el 11 de mayo de 2020, en pleno aislamiento social por la pandemia, cuando un grupo de operarios ingresó al lugar. Ese día la familia Micieli quedó fuera de la casa para siempre, salvo un breve ingreso que hicieron al día siguiente.

En un primer momento, desde las autoridades porteñas se dijo que el predio era propiedad del Estado de la CABA y que allí se iba a hacer una plazoleta. La familia Micieli dice tener documentación que prueba que hace décadas es propietaria del lote. La situación con respecto a la tierra sigue sin una respuesta definitiva y en la actualidad está rodeada de carteles publicitarios. En el interior no hay ninguna edificación en pie, según corroboró este medio en los últimos días.

Virginia dice que a Tuli “lo sacaron engañado”: “Le dijeron que entraban a hacer una limpieza nada más y nunca más pudo volver a entrar él ni nosotras. No hubo carta de desalojo. No hubo aviso. Nos sacaron como ratas a la calle en plena pandemia”.

“Me amenazaban que me iban a sacar a mi hija si no nos íbamos. Mi papá prefirió irse tranquilo. En la Comuna dijeron que si nos presentábamos con los papeles y demostrábamos que estábamos de buena fe, y no usurpando, todo se podía arreglar. Pero no hicieron nada”, denuncia.

Dice que ese día se tuvieron que “ir con lo puesto”: “Yo velé a mi papá con la ropa que tenía puesta, no con la camisa que a él tanto le gustaba. No me dejaron sacar nada. Todas las cosas de mi mamá, fallecida hace 10 años, quedaron en dos cajas que no pude sacar”.

Sobre lo que había dentro del inmueble, Virginia desmiente versiones sobre la acumulación de basura: “Mi papá compraba y cirujeaba cosas para revender. Era el trabajo de su vida y se lo tiraron. Es la forma que teníamos de ganarnos el mango”.

En el operativo también tiraron abajo varias paredes de una vivienda que Virginia había empezado a edificar: “Estaba empezando a hacer mi casa y me la derrumbaron”. “Desde toallas, sábanas y ropa hasta sillas, garrafas y heladera. Todo perdimos”.

“Después del desalojo tuve que empezar mi vida desde cero. Me está costando un montón remontarla”, afirma. Cuenta que es trabajadora en casas particulares y con eso costea un alquiler donde vive ella y su hija. Pudo adquirir algunos muebles, pero hay muchos que todavía no puede adquirir.

Tras el desalojo, Tuli deambuló entre varios domicilios. Apenas se produjo el desalojo, fuentes comunales aseguraron a este medio que se le ofreció ir a un parador pero él se negó. En la madrugada del 3 de julio falleció en una vivienda a “250 metros de Vilela”.

“En esos días íbamos de la comisaría a la fiscalía sin tener una respuesta o una orientación de qué hacer y en el medio Tuli desmejoraba día a día. Entró en depresión hasta morirse”.

La noticia generó mucho dolor en el barrio, sobre todo en quienes lo trataron en vida. Familiares y vecinos hicieron una seguidilla de marchas en el Parque Saavedra para pedir Justicia.

Virginia recuerda que apenas se produjo el desalojo acudió a una tía suya de 80 años, hermana de Tuli, que vive a pocas cuadras. Ella tenía parte de la documentación del terreno. No obstante, no era suficiente para las autoridades comunales y judiciales.

Más tarde, ella continuó recolectando documentación: “La casa, por las inundaciones, no era un lugar apropiado para tener documentos, los papeles no estaban en el terreno. Mi papá tenía 67 años y era el hijo más chico. Sus hermanos sí los tenían. Por eso en este último tiempo busqué a mis tíos y conseguí los tickets, comprobantes, papeles a nombre de Micieli. Está todo”.

Sobre quiénes considera que son los culpables de lo ocurrido, sostiene que la responsabilidad es de la Comuna 12 y del Gobierno porteño, por la forma de proceder. Según su opinión, el desalojo en pandemia es lo más grave, y -explica- se suma a haberle quitado a una familia el terreno que habitó tantos años.

Por eso, está asesorándose con su nuevo abogado para presentar una denuncia. “Con esto de la pandemia no dejan entrar personas a la fiscalía, solo letrados. Hace seis meses me llamaron, me tomaron la declaración. Todo lo que es juzgados, fiscalía, está frenado. Pero voy a seguir pidiendo Justicia por el atropello que sufrimos”.

“Mi papá era un ser humano y no merecía que lo echen así, no merecía terminar su vida como la terminó. A nuestra familia esto nos destruyó y queremos que los responsables paguen”, concluye Virginia.