Barrio Gatica: del sueño peronista al confort de zona norte

Trazado a fines de los años cuarenta en Saavedra, fue cuna del boxeador más querido por el General y espejo del proyecto justicialista para la clase obrera. Hoy es una zona residencial y apacible con techos de tejas y calles breves a metros de la General Paz. El corazón de esta docena de cuadras es una plaza, que se bifurca en caminos peatonales llenos de murales y árboles.

Hoy son las 15 Comunas porteñas. Antes eran los 48 barrios de Buenos Aires. Más atrás en el tiempo, la diversidad de territorios era aún más amplia. Nombres como Villa Juncal, Villa Cerini, Villa Gloria hoy están labrados en amarillo dentro de viejas vitrinas. Las ordenanzas, leyes y decretos fijaron con corsé las distancias, los límites políticos, más allá de las dinámicas vecinales. Pero la identidad, el ritmo de vida y la tradición son más fuertes.

A nivel local, dentro de Saavedra está el sub barrio “Sáez Peña” o “1° de Marzo de 1948”, cuna del mítico Mono Gatica. Son una docena de cuadras, sin un solo comercio, limitadas por Galván, Larralde, Miller y Ruiz Huidobro. En el medio surcan Quebracho, Aromo, Flor del Aire, Paroissien, Manzanares, Jaramillo, Achira; todas cruzan Valdenegro. La iglesia Dulcísimo Nombre de Jesús, abierta en 1945, y la Iglesia Cristiana Evangélica son la referencia religiosa. El verde amplio, los chalets con techos de tejas y el aire tranquilo son su estampa de confort, la cual vienen a buscar vecinos de todos los rincones porteños.

Homenaje a los trenes, techo a la clase obrera

A mediados del siglo XX en Argentina gobernaba el peronismo. Dentro de su primer plan quinquenal impulsó nuevas barriadas en Buenos Aires, a tono con el “derecho a la vivienda”, plasmado en la Constitución de 1949. En la Comuna 12 levantó tres: Alballeros en Villa Pueyrredón (Nazca y General Paz, 1953), el barrio Juan Perón (en torno al Parque Sarmiento, rebautizado Cornelio Saavedra por la dictadura del 55 de Aramburu) y el citado “1° de Marzo”, renombrado por la Revolución Libertadora de 1955 como “Barrio Sáenz Peña”. Ninguno fue incluido en la nómina oficial de los 48 barrios porteños. Peña y Cornelio se lotearon en 1949 en terrenos que pertenecieron a la “Chacra de Saavedra”. En la esquina de Galván y Larralde estaba el vivero municipal. Era una zona descampada con un pequeño arroyo y hasta había animales sueltos como liebres.

“En el año 1947 el estado adoptó una política de créditos directos a los destinatarios, produciendo un antes y un después en el sistema de producción de vivienda de rentas. De allí en adelante, el estado tuvo un papel protagónico en la producción de vivienda de interés social. La Ley de propiedad horizontal sancionada en el año 1948 permitió la división de la propiedad por unidades de departamento, lo cual junto a la acción crediticia, multiplicaron la proporción de propietarios de viviendas”, contextualiza el sitio web de Proyecto Rehabitar (Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Nación).

El historietista Ignacio Minaverry hizo el portal LaTeja2 para difundir sus investigaciones de locaciones históricas, volcadas en la novela gráfica Dora. Allí explica las características de las casas del barrio Peña: “Son los representantes del estilo “chalet californiano” en la ciudad de Buenos Aires. Estos barrios (inspirados en los suburbios estadounidenses) fueron la cara más tradicional de la política de vivienda del peronismo, proliferaron en diferentes localidades argentinas y pasaron a la posteridad como las clásicas casitas peronistas”. En concreto, las construcciones, muchas hoy en pie, tenían y tienen techo de tejas a dos aguas, living, dos dormitorios, cocina, baño, lavadero. El frente de muchas viviendas da lugar para aparcar uno o dos autos. Las casas se vendieron en créditos a 20 o 30 años. En algunos casos fue la misma Eva Perón la que entregó los títulos de propiedad a los vecinos.

“El Barrio 1 de Marzo fue construido por la Municipalidad de Buenos Aires (Dirección General de la Vivienda). Entre sus destinatarios estaban las personas desalojadas a causa del ensanche de la 9 de Julio y los miembros de algunos sindicatos. El barrio, en el proyecto original, iba a tener una parte central con escuela, centro de salud, recreación, comercios e iglesia. Pero de ese equipamiento proyectado solamente se pudo construir la iglesia, y se dejó la parte central como un gran parque. Ahora hay una cancha de fútbol, una de básquet (esta semana falleció Murió Roberto Castun, vecino de Urquiza e impulsor de su construcción) y un centro recreativo”, agrega el resumen del dibujante.

Gatica, el hijo del barrio 1 de Marzo

Esta barriada de origen obrero tiene su hijo dilecto: el boxeador José María “El Mono” Gatica. “Ícono peronista e ídolo del boxeo nacional”, vivió en la casa número 20 del barrio, en Galván 4005. Así lo indica una placa recordatoria instalada el año pasado por impulso de la legisladora MC Gabriela Alegre (FpV).

Muchos vecinos de la vieja escuela cuentan que era usual ver a Gatica entre las callejas del Peña. “solía pasear por la zona con un convertible, siempre descapotado. En una oportunidad se topó con un heladero ambulante y le compró todos los helados para los chicos que estaban jugando al fútbol en uno de los amplios terrenos del sector y en otra ocasión les regaló un equipo completo de fútbol a cada uno de los pibes”, recuerda el vecino Eduardo Criscuolo en las páginas del Diario El Barrio.

Sobre uno de los pasadizos donde se mezclan contra frentes de chalets y accesos a la plaza hay un mural en homenaje al Mono. Fue hecho por el grupo artístico Aleteadores del Conurbano en junio del año pasado.

Bordeado por un ave dorada en filete porteño hay un retrato en tonos cálidos del Mono con una sonrisa de oreja a oreja. A un lado hay otra escena del boxeador junto al General Juan Perón bajo la leyenda “Dos potencias se saludan”, tal como inmortalizó la célebre película de Leonardo Favio.

A un costado está escrito Mono. Dentro de cada letra hay distintas escenas. En la M hay un poema de Alfredo Carlino que reza: “Porque no podían perdonarte tu corazón ingenuo. Aún niño. Lo que no te perdonan son tus pies de canillita. El no haber ido a la escuela. Serás un árbol, un tango, el barrio enarbolando la eternidad, hermano”.

Una tarde en el verde: calma y vecindad

Pasaron los años, cambió la fisonomía de la Ciudad, aumentaron los autos, la altura de los edificios, el estrés y tantas otras bendiciones de la modernidad. Sin embargo, en el corazón del barrio Peña, entre Flor del Aire, Huidobro, Galván y Valdenegro, en la plaza 1° de Marzo de 1948 (la Libertadora no le cambió el nombre) el pulso que se respira es el de aquellas viejas barriadas de vals criollo. Los pasadizos peatonales, muchos de ellos con postas saludables, que entremezclan contrafrentes de chalets y accesos a la plaza, cuyos muros están recubiertos de obras de arte, dan a este rincón un aire único.

Una tarde cualquiera recorrimos la zona, para ver cuál era el parecer de los vecinos. Uno de los puntos de encuentro más concurridos de la plaza es la cancha de básquet, en Valdenegro y Del Río. Los jóvenes del barrio y alrededores se juntan desde temprano para hacer unos tiros al aro.

Nicolás juega con sus amigos mientras nos cuenta que desde chico entrena acá. Repasa que hubo problemas cuando el gobierno quiso sacar los aros y poner arcos de fútbol. Campaña en Change.org mediante, volvió la mística de dobles y triples a este rincón. “Siempre venimos a jugar acá, es tranquilo, somos caras conocidas y la pasamos bien”, agrega.

A un costado hay un corralito con hamacas y toboganes. Allí, casi en Valdenegro y Paroissien, los vecinos tardan en acostumbrarse al nuevo piso de plástico, puesto que antes de las reformas había un gran arenero. Como tantos otros padres, está Jimena, vecina de Vicente López, quien aprovecha cada trámite porteño para pasear con sus hijas. “Vengo acá porque es tranquilo, está limpio y ellas se divierten un montón”, sentencia.

En esta sintonía familiera está Virginia, quien vive en el barrio hace treinta años. Siempre viene pasea al atardecer y desde hace seis años lo hace en compañía de su hija, Valu. “El lugar sigue igual, calmo, nos conocemos las caras con los vecinos, son las mismas caras, gente que va al colegio, que vuelve de trabajar”. Valu dice que prefería la arena antes que las planchas de plástico, pero no da importancia y se pone a dar vueltas con su bici de rueditas.

Entre las lomadas del terreno, a metros de ambas familias hay grupos de adolescentes. Son estudiantes del Comercial 15, la Escuela de Música Esnaola, Instituto Mi Mañana, el Dulcísimo, entre otras. Jonathan, Emanuel y Nahuel estudian en el Comercial y vienen a comer entre turno y contra-turno. “Nos gusta venir acá porque estás tranquilo, no roban y podés pasar el rato hasta entrar de vuelta al colegio”, dicen los tres alumnos.

Otra estampa usual de la plaza, aparte de los grupos de jóvenes, son las personas con mascotas. Vivian, vecina desde hace diez años, pasea con sus tres perros. Dice que la plaza siempre estuvo limpia, sobre todo en el último tiempo. “Es un lindo paseo para ellos y para mí. Aparte, somos vecinos que nos conocemos las caras, nos cruzamos acá o en los pasillos, es un buen vivir”, agrega.

En igual sintonía opinan dos vecinas que toman mate bajo un árbol en Quebracho y Valdenegro. Isabel, que vive hace 55 años, toda su vida, en el Peña, y su amiga María, que está hace 35, coinciden en la limpieza, pero también piden por baños químicos. También dicen que les gustaría que haya vigilancia. “Hubo un tiempo que pasaba la Metropolitana, ahora no”. Por el resto, están contentas en cómo se conserva esta histórica plaza de Saavedra.

Un sitio emblemático, pero venido a menos, está en Valdenegro y Del Río. Se emplaza allí el mástil de la plaza. En su base hay una ermita de la Virgen de Luján. No tiene bandera y encima está en segundo plano porque al lado se emplazó tiempo atrás un obrador lleno de adoquines y caños de plástico.

Enfrente, en la ochava de Flor del Aire y Valdenegro, está el ingreso al Centro recreativo Saavedra Flor del Aire. Los miércoles y sábados se reúne su comisión. La mayoría de los días hay actividades como bochas o talleres. Se escuchan los bochazos de lejos mientras otros tantos emprolijan el lugar. También brindan por fechas patrias como el 25 de Mayo o el Día de la Bandera.

Metros más al sur, hay un patio de juegos en Valdenegro y Jaramillo. Allí estaba la vecina Ilda con sus nietos. Cuenta que vive en el Peña desde su fundación. Hoy tiene setenta años y recuerda el vivero municipal. Evoca que la plaza era más amplia y había muchas más casas que las actuales. Sin embargo, a pesar de los cambios, la tranquilidad y el espíritu de barrio tradicional continúan vigentes.

Dulcísimo Nombre de Jesús y el fin de una polémica

El año pasado el barrio Peña fue noticia por el desenlace de un viejo conflicto entre el estado y la iglesia. Antes de fundarse el “1 de Marzo”, ya había una parroquia en la zona: el 15 de diciembre de 1945 abría el Dulcísimo Nombre de Jesús (Larralde y Valdenegro) con bendición del Cardenal Primado de la Argentina Santiago Copello. Fue punto religioso de buena parte de Saavedra.

La historia de controversia inicia en 1979, plena dictadura, cuando una Junta Representativa Vecinal de Saavedra le cedió una parte de la traza de la plaza 1 de Marzo a la parroquia, que luego usó como canchas de fútbol. Los vecinos denunciaron que esta maniobra fue ilegal.

Sin embargo, el año pasado se puso fin al debate porque la Legislatura porteña decidió cederle por veinte años el uso de las tierras.