Graciela Amalfi, vecina boticaria y escritora: “Saavedra tiene ese toque de pueblo y gran ciudad”

En diálogo con este medio contó sobre sus proyectos en pandemia y sus talleres en la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra.

Graciela Amalfi es una escritora, educadora, tallerista y creadora que desde hace dos décadas vive en el barrio de Saavedra.

Dicta talleres, entre otros lugares, en la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra (García del Río 2737);  y publicó libros de cuentos y novelas que se distribuyen en varios países de Latinoamérica.

“Llegar al público infantil y juvenil es lo que le da sentido a mi literatura: me llena el alma de alegría, me emociona”, cuenta en diálogo con Saavedra Online.

Graciela nació en Chivilcoy, pero vivió hasta los 18 años en el pueblo rural Gorostiaga, algo que marcó su escritura. Luego, en los 80, se mudó a la Ciudad de Buenos Aires, donde se graduó de farmacéutica (UBA), profesión que hoy ejerce. De allí que se define como “boticaria y escritora”: “Asocio la mezcla de las sustancias químicas con la alquimia de la literatura”.

La lectura estuvo desde su infancia y más tarde empezó a escribir sus propios textos, en general cuentos. Se formó con Marcelo di Marco. Luego publicó en antologías de Argentina, Uruguay, Colombia y Alemania.

También publicó, entre otros, estos títulos de forma autogestiva: Des palabras armando (2010, cuento); Kumiko (2011, novela); Amaneceres (2012, novela); Las aventuras de Cata y su abuela Lili (2015, cuento); Las madrugadas de Agustín (2017, novela); La sopa mágica de piedra (2018, cuento); El cofre perdido (2019, novela); Noelia, la tortuga voladora (2019, cuento); Las tardes de Lucía y Agustín (2020, novela).

Creó el taller de escritura creativa llamado Club Juntémonos a Escribir, es madrina de la Escuela Pública N° 19 de la localidad de Gorostiaga, y participó del Proyecto Un libro para mi grado del Espacio Cultural Mariano Moreno de Banfield y la editorial Ediciones Dorada.

La editorial colombiana Enlace publica y distribuye seis de sus títulos en ése país, en Perú y en Ecuador. Sus libros son incluidos en el plan lector de colegios de estos países.

-¿Hace cuánto vivís en Saavedra?

-Vivo en Saavedra desde enero de 2001, pero como vivíamos en Belgrano, mis hijos nacieron (1996 y 1998) en la Fundación Hospitalaria así que son bien saavedrenses.

– ¿Qué es lo que más te gusta del barrio?

-Me gustan las calles arboladas, el parque es mi segundo patio. Yo me crié en un pueblo pequeño de la provincia de Buenos Aires, y la verdad es que Saavedra tiene ese toque de pueblo y gran ciudad. Saavedra es una república, la República de Saavedra, ja, ja.

-¿Qué lugares frecuentás o frecuentabas prepandemia?

-Por supuesto que el parque Saavedra. También me gusta ir a comer o tomar algo en el corredor gastronómico de García del Río y del perímetro del parque. Otro de mis lugares en el mundo es la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra ubicada en García del Río 2737, ahí doy mis talleres literarios para preadolescentes (en forma presencial prepandemia, por Zoom en la actualidad).

-¿Cómo fue la experiencia de trasladar talleres presenciales a virtuales en estos meses?

-Al principio, nos costó un poco adaptarnos a las nuevas herramientas tecnológicas disponibles. En el caso de los adultos mayores, el taller presencial del Espacio Cultural Tinta Roja lo seguimos por WhatsApp. Inclusive, abrí otro grupo más: gente que no hubiera podido acercarse a Coghlan, sí pudo sumarse al grupo de WhatsApp. Con el grupo de estudiantes de 9 a 11 años y de 12 a 14 años, usamos la aplicación Zoom. También se pudieron sumar preadolescentes de otros barrios de CABA y de la provincia de Buenos Aires. La tecnología permitió acercarnos.

La experiencia fue buena porque puede llegar a más alumnos interesados en escribir.

-En estos meses cómo ha sido tu relación con la inspiración y la escritura? ¿Se vio afectada?  ¿Estás trabajando en algún proyecto puntual en el presente?

-Como sabrás por mi profesión de grado (soy farmacéutica) yo sigo trabajando en el Hospital, sin vacaciones ni días libres, por lo que los dos primeros meses se complicaron un poco, por la incertidumbre general. En mi caso, el miedo solía ganarle a la inspiración: sabía que volvía del hospital y en casa estaba mi familia, y no quería ser yo quien fuera la que pudiera traer el virus. Pero, con los cuidados indicados por los protocolos vigentes, el miedo pasó y mi inseguridad fue decantando para darle paso a la experiencia de saber cómo hacer las cosas bien. Sólo fue marzo y abril.

En mayo, mi mundo literario volvió a la normalidad, y hasta diría se acentuó : hice un ciclo de vivos por Instagram (lecturas de mis cuentos y charla con los participantes). Fue una experiencia muy rica: se unían personas de muchas ciudades de Argentina y de otros países.

También pude lanzar mi página web, proyecto que no tenía en mente para este año. Hicimos el lanzamiento por un vivo de Instagram. En agosto, publiqué mi libro para preadolescentes Las tardes de Lucía y Agustín. Las presentaciones se hicieron por Zoom (hubo dos: una que organicé yo, y la otra, la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra). Después de contarte lo anterior, llego a la conclusión de que la pandemia no me afectó a nivel literario.

Mi proyecto a corto plazo es lanzar mi primer taller on line de escritura creativa. El nombre será Desarmando palabras, igual a mi primer libro publicado hace un poco más de una década. El taller va a estar disponible para todas las personas que les interese escribir (aunque nunca lo hayan hecho). Además, estará al alcance del público de habla hispana de todo el mundo y de todas las edades. Podrán acceder desde mi página web a un costo muy accesible.

-¿Qué implica haber podido viajar a distintos países gracias a tu trabajo literario y saber que tus libros están presentes en otros países? ¿Qué se siente tener lectores en lugares remotos?

-Es una gran alegría andar por mi camino literario por distintos países y ciudades del interior de Argentina. La literatura me acercó a mucha gente: me reencontré con personas que no veía desde hacía mucho tiempo, y conocí a otras. El acercamiento a los estudiantes siempre está en el primer lugar de mi podio. Mis libros forman parte del Plan lector en muchas escuelas de nivel primario y secundario de Colombia, Ecuador y Perú. La editorial colombiana Enlace, publica y distribuye mis libros en los tres países. Los chicos me escriben, me siguen en las redes, comparten sus trabajos relacionados con mis historias. Sinceramente, es mucho más de lo que me hubiera imaginado. Llegar al público infantil y juvenil es lo que le da sentido a mi literatura: me llena el alma de alegría, me emociona.