Mala Influencia, la banda punk y ska de Saavedra vuelve al ruedo después de 20 años

De adolescentes se conocieron en el barrio, tocaron en clubes y en boliches de la escena under. Ahora, planean grabar nuevas canciones y difundirlas en plataformas online.

Esos acordes que sonaron primero en alguna plaza de Saavedra, desataron más tarde pogos y bailes memorables en las mecas del punk y ska de la Buenos Aires de fin de milenio. La banda Mala Influencia giró seis años en la escena hasta fines de 2001. Dos décadas después, estos músicos y vecinos vuelven a empezar y deciden reunirse con nuevos planes, nuevas canciones y una filosofía de siempre: “Estamos acá para disfrutar y pasarla bien, que es lo más divertido de la música”.

Juan “Chachi” Lorenzo (batería); Alejandro “El Villa” del Castillo (voz); Mariano “El Gaita” Gallego (guitarra); Fernando “Peteco” Vivas (bajo) hablaron con este medio sobre sus orígenes y qué piensan del futuro.

Antes de la música fuerte, el agite y los recitales, esta es una historia de amigos que se conocieron en Saavedra. El Gaita y Chachi fueron a la misma primaria, en la escuela Manuel Dorrego, con unos pocos años de diferencia. El Gaita a la vez estaba en contacto con El Villa por el colegio “El Cuba” de Belgrano. El Villa no era del barrio pero siempre andaba en estas calles: “Nos movíamos todo el día por acá, siempre en la casa de alguno de los chicos teníamos dónde tocar”.

El Gaita también evoca “esos rincones del barrio que en la noche siempre nos sabían contener”: “Nos juntábamos a charlar, a escabiar, a hacer nuestra terapia de amigos, a hacer música. Siempre estábamos con las guitarras criollas componiendo en algún rincón de Saavedra”.

Con esa impronta, entre fines de 1996 y comienzos de 1997 nace Mala Influencia como banda. Peteco, El Gaita, El Villa estaban en la formación original junto a otro baterista que al año se fue. En su lugar ingresó Chachi. Los cuatro de aquel entonces, los cuatro del presente.

Estos músicos y vecinos son testigos y protagonistas de la escena musical under de la segunda mitad de los años noventa. “Agarramos la ola del punk rock y hardcore, hacíamos el circuito de lugares en el Gran Buenos Aires y Capital”, cuenta El Gaita.

Para Chachi, “la escena musical de esos años era formidable”: “Te daban ganas de salir a ver y conocer bandas, ir a lugares, a fiestas en casas, lugares ocultos, colegios, aparte de sitios conocidos como Cemento (San Telmo) o El Salón Pueyrredón (Palermo)”.

Sobre los primeros años de la banda, todos coinciden en que había mucho entusiasmo, que se veía traducido en jornadas constantes de práctica. “Era ensayo puro y duro hasta que nos largamos a tocar en los primeros clubes de barrio, escuelas, centros culturales”, recuerda El Villa. De hecho, el debut fue en un club de Saavedra.

La banda empezó a ensayar en una sala que estaba en Congreso y Balbín. Más tarde se armaron su propio lugar en el fondo de la casa de Chachi, en cuya familia había varios músicos.

Peteco dice que fue un momento “de aprendizaje el de aquellos primeros años”. Destaca la energía que había en el grupo para “salir a tocar en pubs, en donde pintara”.

También había un deslumbramiento por ser parte de toda esta movida cultural y musical. Chachi asegura: “Los primeros años fueron de aprendizaje, diversión y pasarla bien entre amigos.  Mucho deambular por la noche y ver otras bandas, con las que fuimos amigos”.

Mala Influencia grabó en 1998 su primer EP, de forma casera, llamado Mi Punk Rock y al año siguiente editó el disco en estudio llamado “Un Total Estado de Locura”, con 12 canciones. “Cuando entré en la banda la idea mía era darle más seriedad al proyecto para tocar en más lugares”, cuenta Chachi.

“En los recitales vendíamos nuestros casettes, también los pasábamos de mano en mano, así conocíamos a muchas bandas”, comenta El Villa, que señala en particular a Las Grietas, un boliche que estaba en Monroe 4180 donde tocaron en varias oportunidades. “Se hacían los festi punk con pizza libre a tres pesos. Todo era así, muy under, hermoso”.

A finales de la década, la banda sonó en la radio Rock and Pop, que en aquella época marcaba la agenda y daba gran visibilidad a los grupos. Esto les abrió nuevas puertas a más lugares en boga como Diabla o el Salón Pueyrredón. Además, tocaron como banda soporte de Flema y Bulldog, consideradas agrupaciones clave en la historia del punk rock del país.

A seis años de iniciada esta aventura efervescente, las cosas declinaron. Los cuatro dicen que fue un proceso “natural” y “orgánico”, que cada vez le dedicaban menos tiempo.

Así se produjo la separación a fines del 2001. “Todos teníamos otras responsabilidades en nuestras vidas. Dejamos de ensayar, de tocar en vivo”, repasa El Gaita. “Quedó tácito que no tocábamos más”, remata El Villa.

No fue un proceso que haya implicado peleas, ya que todos siguieron en contacto fluido las décadas siguientes. Es más, salvo El Villa que se hizo actor y mago, el resto siguió con proyectos musicales. Chachi se desarrolló como productor. Peteco y El Gaita juntos formaron parte de otras bandas.

Así pasaron 20 años. La idea del regreso aflora ahora en pandemia, según cuenta Chachi: “Nunca perdimos el contacto cotidiano, así que un día les hablé y propuse llevar adelante el regreso. Todos dijeron que sí. Eso fue el motor de volver a generar música. Estamos acá para disfrutar y pasarla bien, que es lo más divertido de la música”.

“Después de tanto tiempo decidimos volver a juntarnos”, celebra El Gaita y Peteco va más allá: “Es tener a mis amigos de toda la vida”.

En el mediano plazo, el objetivo es editar cuatro canciones, un single y luego un EP. Por el momento el distanciamiento social no les preocupa y no piensan en recitales, sino en consolidar sus temas.

Chachi, desde su experiencia como productor musical, dice que hoy lo importante es subir las canciones a las plataformas online: “Hay que grabar y hacer que la música trascienda, hoy no es necesario tocar en vivo ni que te pasen en la radio. Importa que la gente conozca tu música y se sienta interpelada”.

El Villa recuerda cuando ensayaban en la parte trasera de la casa de Chachi con grabadoras antiguas y un montón de cables y canales. “Hoy la tecnología avanzó tanto que tenés tu estudio en tu casa y se edita bien”.

En la voz de los cuatro músicos y vecinos hay entusiasmo y también alegría. Si la separación hace 20 años fue un proceso “orgánico”, este resurgir parece estar en el mismo camino. Con el espíritu de cuando eran adolescentes y componían canciones con las criollas en “los recovecos de Saavedra”, hoy la historia tiene a Mala Influencia nuevamente en pie y sonando.