María Sol Cortés, una enamorada de la gastronomía y de Saavedra

Desde el local Quma endulza al barrio del que ella también es vecina desde 2004. Nos cuenta sobre los comienzos del emprendimiento, su participación en los medios y cómo hacer para animarse a emprender un proyecto personal.

Una de las enseñanzas que nos brindó este aislamiento social, preventivo y obligatorio fue la importancia que tienen los afectos y el contacto físico. Aprender a valorar, por ejemplo, un beso, un abrazo y hasta una simple comida con aquellos que saben sacarnos una sonrisa.

María Sol Cortés, vecina de Saavedra de toda la vida, creció en un ambiente donde su familia utilizaba la comida como un puente para reunirse todos los domingos a almorzar y disfrutar de extensas sobremesas. Cuando recuerda esos momentos le resulta imposible no pensar en su abuela, su sensei culinaria. “La cocina de mi abuela en Saavedra, sin dudas, fue mi inspiración”, declara orgullosa y nostálgica.

A los 20 años se fue a vivir a Francia, donde terminó de descubrir su pasión por la gastronomía. Tres años después, volvió al país para fundar Quma, o como lo define ella: “Su primer hijito”.

El nombre del negocio es una fusión del apodo de su abuela materna, Cuca, y su primo Matías. Los dos fallecieron el mismo año y María Sol decidió rendirles un homenaje uniendo las primeras sílabas de ambos nombres: QU-MA.

-Contanos cómo comenzó tu historia con el negocio…

-Quma nació en el 2004, en la cocina de un departamento, preparando unas tortas para el cumpleaños de mi tía. Después nos mudamos al local, donde antes estaba la mítica farmacia de Néstor -Miller y Av. García del Río-, un vecino legendario del barrio.

Todos conocen a Néstor, su farmacia era como un laboratorio. Y nosotros quisimos trasladar ese espíritu a Quma, que es nuestro laboratorio. Al principio sólo hacíamos delivery, porque el barrio no tenía la misma densidad demográfica que tiene hoy. Y con el paso de los días, las personas que pasaban por la puerta sentían el aroma del chocolate, de las tortas, de los alfajores, y llamaba su atención.

Así llegó Pablo, nuestro primer cliente, que nos compró un alfajor de maicena y quedó fascinado. Ni siquiera teníamos mostrador, usábamos un escritorio común. Empezamos de una manera muy casera, pero con todo el amor del mundo. Dos años después, tuvimos que incorporar productos salados porque todos los días nos pedían sándwiches y demás comidas.

-Y tuvo tan buena respuesta que se animaron y abrieron una segunda sucursal en otro barrio…

-Sí, el 2016 y 2017 fueron años muy importantes para nosotros y para Quma.

Primero inauguramos nuestro centro de elaboración en Saavedra (Arias y Plaza), ahí se produce todo lo relacionado a catering y eventos, y parte de lo que se vende en la sucursales de Saavedra y Palermo.

El local de Palermo nació en el 2017 (Avenida del Libertador y Sinclair). Por suerte, nos va muy bien. La gente de la zona aceptó bárbaro nuestra propuesta, y logramos trasladar ese espíritu de barrio y amor por la comida casera, como en la sede de Saavedra.

-Trabajaste bastante en los medios de comunicación ¿cómo te llegaron esas propuestas?

-Al mismo tiempo que quedé embarazada, me seleccionaron para participar de “Panaderos y panaderas”, un programa muy relevante dentro del rubro de la panadería. Así que participé hasta donde el embarazo me lo permitió.

Al año me volvieron a llamar, yo estaba a full: tenía a mi hijo súper chiquito y a Quma que estaba en pleno auge, dos actividades que me demandaban muchísimo trabajo. Pero logré acomodarme, fui al casting y quedé. El programa se llamaba “Súper express”, lo conducía Alicia Gallach. Después sacamos el libro con las recetas del programa.

Lo de los fascículos llegó sin buscarlo. Una clienta que amaba Quma y venía seguido me contactó con Luis Dieguez, un periodista de Clarín, y me propuso hacer dos series de fascículos sobre tartas, pizzas y empanadas. Una experiencia muy gratificante.

-Durante estos meses de aislamiento social, preventivo y obligatorio muchas personas canalizaron su ansiedad a través de la comida. ¿Lo viste reflejado en las ventas?

-Sí, durante la pandemia trabajamos bastante, obviamente tomando todos los recaudos necesarios. El frío no incentiva demasiado a comer ensaladas o sandwiches, así que los risottos y guisos fueron los platos más consumidos. Pero en esta cuarentena lo dulce le ganó la pulseada a lo salado.

-Como mujer y emprendedora, ¿qué le dirías a las personas que tienen una idea o proyecto en mente, pero no se animan a concretarlo por miedo a fracasar?

-Yo empecé muy joven, sin mucho capital ni un inversor que me respalde. Sólo tenía buena voluntad, ganas y estudio. Obviamente mi familia también cumplió un rol fundamental, porque me apoyaron y sostuvieron siempre.

Celebro, apoyo y motivo a que las personas sean independientes, a que se animen a hacer lo que realmente sueñan; nunca hay que permitir que el miedo nos paralice.

Mi lema siempre fue, es y será: `sin prisa, pero sin pausa´. Fui dando pasos cortos, pero firmes. Nunca me propuse hacer cosas que sabía que con el paso del tiempo no iba a poder sostener.