Pandemia económica: ¿Cómo atraviesan la cuarentena los comercios no esenciales de Saavedra?

Cuatro comerciantes del barrio le cuentan a Saavedra Online cómo pasaron estos más de cuatro meses de aislamiento social, preventivo y obligatorio. Repasamos el presente de un local de indumentaria, un multistore, una sala de ensayo y la calesita del Parque Saavedra. 

Después de brindar con sus respectivas familias para despedir el 2019, Fernanda, Roberto, María Cristina y Carlos proyectaron un año con más alegrías que tristezas. Jamás se imaginaron que el 2020 traería consigo un virus llamado Covid-19, que se convertiría en una pandemia y que en nuestro país generaría una cuarentena de más de 120 días y una división entre los comercios: esenciales (con permiso para abrir en ese contexto) y no esenciales, categoría donde quedaron anclados infinidad de locales.

Saavedra Online se comunicó con algunos comerciantes del barrio para conocer cómo hacen para solventar sus gastos y subsistir económicamente: María Cristina Essayan tiene un local de indumentaria infantil (Holmberg al 4000), Fernanda Alvarez es dueña de un multistore (sobre Avenida Balbín), Carlos “Charli” Solimano es el propietario de una sala de ensayo (Paroissien al 4400) y Roberto Couto posee la mítica calesita de Parque Saavedra.

-¿Hace cuánto tienen sus comercios en Saavedra?

-María Cristina: Hace 45 años.

-Roberto: Estoy en el Parque Saavedra hace 33 años.

-Fernanda: Soy comerciante desde el 2001, empecé con una manta en el Parque. Y tengo un local hace 10 años.

-Charli: Comencé con el estudio en el 2005, pero como algo mío, para uso personal. Y con el paso del tiempo se fue corriendo la bola, así que en el 2009 compré lo que faltaba y me profesionalicé.

Charli Solimano, dueño de la sala de ensayo y líder de la banda Mundanos Rock Viajero

¿Cómo atravesaron estos 4 meses anímica y económicamente?

-MC: La venta bajó muchísimo. Este año hay que tacharlo del calendario. Tratamos de manejarnos a través de la venta online, moviendo mucho Instagram y Facebook, eso nos ayudó un poco. Y si bien es más laborioso vender así, nos ayudó a generar clientes nuevos, de otras zonas. Creo que eso es lo más positivo.

-R: La verdad que mal, es un momento muy difícil. Soy jubilado y cobro la mínima. Esto no lo buscamos, simplemente pasó. Es lo que nos tocó y nos toca, no queda otra que seguir aguantando. Tuve que vender objetos personales para poder llegar a fin de mes y no estar tan ajustado. Me hace falta trabajar, no sólo por lo económico, sino también para mantener la cabeza activa. La calesita es parte de mi vida.

-F: Mi local es un multistore, pero reabrí en formato kiosco. También comencé con una feria americana online, como hice en la crisis del 2001… Vender la ropa y los juguetes que mis hijos no usaban me permitió pagar las cuentas y subsistir estos meses, pero de manera muy ajustada. Cuesta demasiado mantener un negocio en regla.

-C: Económicamente mal, pero anímicamente no me dejo tirar abajo fácil. La música es mi cable a tierra. Soy una persona hiperactiva y me pongo a hacer cosas todo el tiempo. Por ejemplo, ahora estoy produciendo con mi hermana menor velas aromáticas y aromatizadores para placares. Y también estoy elaborando y vendiendo lemoncello.

Roberto Couto, calesitero de Parque Saavedra. Foto: pressreader

-La reapertura significó adecuarse al protocolo, ¿eso les generó muchos gastos?

-MC: Adopté los mismos cuidados que en mi casa, así que no me representó un gasto mayor o distinto. Como el local es chico, para mantener la distancia social sólo entra un cliente a la vez. Hay que utilizar tapabocas y tener siempre alcohol en gel.

-R: Si bien las calesitas todavía no abrieron, tenemos una asociación de calesiteros y estamos preparando los protocolos para poder presentarlos. Obviamente tendremos que utilizar tapabocas y colocar un dispenser con alcohol en gel o sanitizante para lavarse las manos.

Es un momento muy difícil para nuestro rubro. Vamos a necesitar la colaboración de los padres, para que además de traer a los chicos les expliquen los cambios que generó esta situación, es muy difícil limitarlos.

-F: No. Y para hacer el mayor espacio posible cambié de lugar un montón de cosas en el local. Y tengo todo lo que puedo para cuidarme: tapabocas, alcohol, trapo de piso y desinfectante.

Esto nunca me frenó porque necesito trabajar. Lamentablemente nosotros, los trabajadores, siempre somos los más castigados. Nuestras ventas ya habían bajado cuando comenzaron con las obras del paso bajo nivel de Balbín, el gobierno de Macri tampoco ayudó y ahora nos tocó la pandemia.

-C: Estamos expectantes a la reapertura. Pero no creo que me represente mucho dinero implementar el protocolo y las medidas necesarias. Tener alcohol en gel para recibir a las personas, poner un trapo de piso con lavandina para que se limpien los pies, sectorizar los espacios de cada instrumento con plástico y desinfectar la sala con sanitizante después de cada ensayo.

-¿Qué expectativas tienen con la reapertura de la cuarentena?

-MC: No quiero ni pensar, porque en este país nunca se sabe. Hoy estamos mal, pero de pronto estamos bien, así que yo vivo el día a día.

-R: Dicen que los primeros días de septiembre, cuando abran los patios de juegos, vamos a poder trabajar… Dios quiera. Para mí, todo va a depender de cómo se vaya desarrollando la cantidad de contagiados. Si los números de infectados bajan y se empieza a normalizar todo, esto va a ser un mal recuerdo como la gripe aviar.

-F: No sé, está todo muy raro. La gente está muy deprimida, el precio de las cosas sigue subiendo, hay más pobreza y más inseguridad. La veo más complicada que en el 2001 porque hay muchas personas enojadas, con mucha agresión, y eso no está bueno.

-C: No vivo de expectativas, prefiero ponerme metas pero no proyectar nada a largo plazo. Cuando pase todo esto y empiece la post pandemia quizás me vaya, aunque desearía seguir viviendo en mi país.

-¿Qué actitud tienen para el futuro inmediato?

-MC: Seguiremos viendo el lado positivo de las cosas y luchando, como lo hago desde que tengo el local, con mi marido y con mi hija. Lo único que pido es estar sana, lo demás de alguna manera se arregla.

-F: Soy de pensar que todo pasa por algo, y creo que esto lamentablemente nos está enseñando a trabajar de otra manera.

-R: Lo cierto es que hasta ahora nadie sabe nada, son todas hipótesis. Mi expresión de deseo es que esto pase rápido y la gente se olvide pronto de todo lo ocurrido.

-C: Seguiré bancando la parada, como siempre. Por suerte además de tener la sala de ensayo, sé hacer un poco de todo: construcción, electricidad y plomería. Entonces con todos esos conocimientos siempre voy a tener algo de dinero para subsistir.

La situación del país con respecto al Covid-19 continúa siendo una incógnita que se resolverá con el correr de los días, las semanas, los meses… Lo único que es una certeza, por lo menos para Fernanda, Carlos, Roberto y María Cristina, es el primer deseo que pedirán en la medianoche del 31 diciembre: no volver a atravesar una pandemia en su vida.