“Reabrir la plaza sería el mejor homenaje para Daniel porque Saavedra era el amor de su vida”

Liliana Suárez es la mamá de Daniel García, el joven de Saavedra asesinado por barrabravas en la final de la Copa América en Uruguay, el 11 de julio de 1995. A 25 años del hecho, la familia busca reinaugurar la plaza que lleva su nombre.

Liliana Suárez atravesó, quizás, el dolor más inmenso y profundo que una persona pueda sentir en el mundo: la pérdida de un hijo.

Daniel García había viajado a Uruguay con un compañero del colegio para presenciar la final de la Copa América (Argentina le ganaría 4-0 a Chile y se quedaría con el campeonato), pero luego del partido la combi en la que viajaba con hinchas de Platense y Defensores de Belgrano fue emboscada por barrabravas de Tigre y Morón, quienes le arrebataron la vida.

Hoy, a 25 años del fatal suceso, su madre recuerda sus sueños, su amor por Saavedra y el homenaje que no pudo ser por el aislamiento social, preventivo y obligatorio ante la pandemia del coronavirus.

Se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Daniel, aunque la cuarentena no ayuda para realizarle un homenaje…

La idea era hacer un festival, recordarlo con alegría, como era Daniel: un chico que le gustaba la música, siempre estaba con amigos. Una persona muy alegre. Nos hubiese gustado tener la plaza arreglada, con un cartel nuevo porque el anterior lo rompieron; y también un mural nuevo, porque lamentablemente pintaron el que estaba.

Somos conscientes de que no podemos reabrir la plaza que lleva su nombre porque debemos respetar la cuarentena, así que quedará pendiente hasta que todo pase. Siempre lo recordamos a Daniel, pero en este momento no podemos aglomerar a personas. Soy muy respetuosa de eso, me tengo que cuidar y tengo que cuidar a los demás.

¿Qué significa la plaza para ustedes?

La plaza es algo muy importante, como un mimo al alma. Los vecinos y los amigos eligieron el nombre. ¿Qué puede sentir una mamá cuando visita un lugar que tiene el nombre de su hijo? Porque lo que queda, ante la ausencia, es el recuerdo.

Daniel está presente en todo momento de mi vida, está en mi corazón y vive conmigo todos los días. Este día es especial porque son 25 años, es mucho tiempo. Mi esposo está postrado porque tuvo un ACV, pero afortunadamente tenemos dos hijos más, que son nuestros pilares.

La plaza a la que hace referencia Liliana está en la avenida Roberto Goyeneche y Vilela y quedó maltrecha por las obras que se realizaron en la construcción del Paso Bajo Nivel de la avenida Ricardo Balbín. Durante meses, este espacio verde se transformó en un depósito de materiales. Por eso, en ese entonces, la diputada Victoria Donda había presentado en la Cámara Baja del Congreso un proyecto donde expresó el repudio a la destrucción del lugar.

La intención de la familia es devolverle el amor, el sentimiento y la unión que siempre tuvo: “Es un lugar de encuentro, que me hace bien al alma. Me llena de orgullo que Daniel sea tan recordado y tan querido. Reabrir la plaza sería el mejor homenaje para él porque Saavedra era el amor de su vida”, sostuvo Liliana.

¿Qué sintió al ver esa zona abandonada durante tanto tiempo?

Me dio muchísimo dolor y rabia ver la plaza así. Fue como si me rompieran un pedazo de mi corazón. Algo que era muy mío y lo vi deteriorado, lleno de máquinas, de cosas… me sentí invadida. Torcieron y alambraron el cartel. Lloré muchísimo. Era como una parte de Daniel, es un espacio que le pertenece y verlo tan destruido me dolió.

Comencé a luchar y cuando toda la cuarentena termine, comenzaremos a restaurar esa plaza que tanto amor le tengo. Vamos a ponerla bien y linda. Y hacerle algún homenaje.

¿Los vecinos de Saavedra se solidarizaron?

Sí, muchos que conocíamos y veíamos en las asambleas barriales. Una de las personas que me acompañó mucho, por ejemplo, fue Alejandro Tiscornia. También un amigo de Dani que trabajaba en el área de Educación de la Legislatura y le dio forma al proyecto para que la plaza llevase su nombre.

¿Qué importancia tiene Saavedra para la familia?

Dani circulaba por todo el barrio, tenía amigos por todos lados, pero la Plaza Alberdi era su lugar en el mundo, donde se reunía con sus amistades más cercanas.

Mi hijo estaba terminando la secundaria, por las mañanas manejaba el taxi del padre y a la tarde cursaba. Recuerdo que el Liceo N°11 cerró por duelo y vino toda la escuela al velatorio. Todos lo querían mucho.

El corazón de un barrio son las personas que lo habitan, sus legados y experiencias. El recuerdo de Daniel y su historia son una parte inseparable del corazón de Saavedra y la plaza que lleva su nombre así lo demuestra.