Sofi Mele y su mural en la plaza de Quesada al 5600: “Un paisaje fantasioso, un jardín único”

En 2019 la artista realizó una obra de 400 metros cuadrados en este flamante espacio público de Villa Urquiza. “Cuando me convocaron me pareció un lugar increíble para crear un mural casi 360º”, rememoró ante Saavedra Online.

Sofi Mele es desde hace más de una década artista visual, también docente de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA (FADU). Pintó en 2019 el mural de la Plaza Educativa ubicada en Quesada 5649 entre Burela y Altolaguirre, barrio de Villa Urquiza.

En diálogo con este medio, la artista recuerda que este proyecto, una pieza de 400 metros cuadrados, fue significativa para ella porque esa “plaza se hizo en un espacio abandonado que fue recuperado por los vecinos”.

Allí, junto a cinco colegas, plasmó una representación floral, una constante en su estilo. Mele dice sentir “mucha libertad al pintarlas porque son muy maléales y porque también habitan ciertos limites de la representación”.

A lo largo de los años realizó trabajos en espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano y también en el exterior, como en la Galeria de Arte Urbana da Quinta do Mocho (Portugal).

Desde 2009 tuvo su espacio de trabajo en el vecino barrio de Núñez, en la casa de su abuela. A fines del año pasado con un grupo de artistas amigos crearon el atelier Susana en un inmueble fabril ubicado en la zona de talleres de avenida Warnes. “La pandemia, el encierro y tener que pintar solas en nuestras casas hizo que se potencie el proyecto”, señala.

-¿Cuándo empezaste a dibujar y pintar? ¿Qué es lo que más te gustó con respecto a otras disciplinas?

-Desde que me dieron un lápiz como la mayoría de lxs chicxs. Siempre lo disfrute mucho y en la adolescencia empecé a estudiar. Me fui moviendo en diferentes disciplinas visuales dándome cuenta que mi foco de interés esta justamente en eso, lo visual. La imagen y su retórica, la inmensidad del color. Pienso al dibujo como una herramienta directa del pensamiento y a la pintura como un oficio de la observación, creo que siempre me acompañaran pero no son las únicas disciplinas que elijo o quiero experimentar.

-¿Cómo decidiste profundizar en la pintura? ¿Qué estudios realizaste al respecto?

-Estudié con varios artistas en sus talleres. Cada maestro representa un ciclo importante de aprendizaje para mi, técnicas, tips, materiales y formas de hacer. Además de ir a ver pintura en vivo todo el tiempo, murales en la calle, exposiciones y talleres de amigos también son un lugar de estudio e inspiración.

Realicé la carrera de diseño gráfico en la UBA en paralelo a estudiar pintura y aunque no es específico de la técnica me sirvió muchísimo para incorporar conocimientos de comunicación y lenguajes posibles.

-¿Cómo fuiste desarrollando tu estilo y metodología de trabajo? ¿Cómo fue el proceso para haber empezado a pintar plantas y flores en particular?

-Nació de la observación más intuitiva o más ingenua. Formas que me llamaban la atención, que disfrutaba mucho de mirar y por lo tanto de pintar, que su morfología me parecía un misterio a resolver. Creo que mi pregunta es por la forma orgánica en sí misma, puede ser del mundo animal o vegetal, siento mucha libertad al pintarlas porque son muy maléales y porque también habitan ciertos limites de la representación. Hay plantas que parecen bichos, hay órganos que parecen flores o hay raíces que parecen venas.

-¿Qué se siente cuando tenés que pintar una parte extremadamente grande?

-Me encanta, usás todo el cuerpo para pintar. Es muy físico el proceso, de mucha concentración en largas jornadas que hay que aprovechar al máximo durante varios días. Pintar un muro grande te toma por completa.

-¿Cómo fue la experiencia de hacer el mural en Villa Urquiza?

-Fue un gran desafío, la plaza se hizo en un espacio abandonado que fue recuperado por los vecinos. Era un terreno de una vieja casa tipo chorizo ubicada en medio de la cuadra sobre Quesada entre Burela y Altolaguirre. Una plaza rectangular que llega al corazón de manzana rodeada por muros grises de 6 mts de alto. Cuando me convocaron me pareció un lugar increíble para crear un mural casi 360º.

Podía transformar por completo el lugar creando una sensación escenográfica pero eso implicaba pintar los 400m2 de muro. Los tiempos eran muy acotados y el espacio era muy complejo. Pintamos toda la plaza en siete días. Forme un equipo de seis amigos muralistas que son unos genios y pusieron el cuerpo conmigo durante una semana de mucho calor en febrero de 2019. Fueron parte del proyecto: Aye Davanita, Leti Veneroni, Wave, Mati Quiroga y Sisa Soldati.

El diseño fue pensado para crear un paisaje fantasioso, un jardín único donde puedas encontrar formas al mirarlo. Plantas y flores inventadas, escalas que no existen. Jugué mucho con las luces y sombras que se proyectan a través de los árboles y usé una paleta de colores primarios ya que el espacio iba a ser usado por una escuela pública del barrio.

-¿Qué otros murales que hiciste son representativos e importantes para vos?

-Hay varios, todos tienen algún factor distintivo, alguna anécdota rara, un descubrimiento personal, una persona que conocí. Si tengo que nombrar uno es “Jardín Rojo”, se encontraba en una plaza en Empedrado y Bufano en Villa del Parque. Ya no existe más pero ese mural fue el inicio de una serie importante para mi.

-¿Cómo surge el taller Susana? ¿Cuánto tiempo trabajaste hasta poder abrirlo?

-La idea de tener un taller propio siempre fue un deseo. Mi primer espacio de trabajo lo armé en la casa de mi abuela en Núñez en el 2009. Lo amé y fue mi taller hasta que llegó la pandemia. Ya tenía idea de ampliarme e independizarme pero siempre fue difícil.

A mediados del 2020 con un grupo de amigas, también colegas muralistas, veníamos pensando en hacer algo juntas. La pandemia, el encierro y tener que pintar solas en nuestras casas hizo que se potencie el proyecto y ni bien pudimos en diciembre conseguimos Susana.

-¿Qué actividades se realizan allí?

-Susana es nuestro lugar de trabajo y encuentro. Es un edificio de tres plantas ubicado en la zona de Warnes, allí trabajamos siete artistas. En PB está el taller de serigrafía de Rara Prints y tenemos un espacio para exposiciones que esperamos abrir ni bien se pueda. En los demás pisos están los talleres de Marie Ajras, Mariano Balbuena, Toia Grehan, Milu Correch, Sisa Soldati y el mío.

-¿Estás trabajando en algún proyecto o mural en el presente?

-Estoy explorando y trabajando mucho en el taller. La cuarentena me llevo a encontrar otras disciplinas y salir un poco de la pintura. Tenía la necesidad de introducir el tacto en contraposición con tanta virtualidad.

Actualmente estoy trabajando con cerámica realizando una instalaciones de varias piezas modeladas en arcilla que espero mostrar este año. De todas formas la pintura sigue presente, investigar otras disciplinas nutre la observación para futuros proyectos de muro que espero poder hacer pronto.