La Legislatura porteña declaró de Interés Cultural al Centro Ana Frank Argentina

Está en Superí 2647, en el vecino barrio de Coghlan. La norma incluye la colocación de una placa conmemorativa.

Este jueves durante la sesión ordinaria, la Legislatura porteña aprobó un proyecto de Resolución de la legisladora María Patricia Vischi (UCR-Evolución) para declarar de Interés Cultural al Centro Ana Frank Argentina, ubicado de en Superí 2647 (Coghlan), que involucra a un Museo y una Sala de Teatro de igual nombre.

La norma votada en el recinto parlamentario incluye la colocación de una placa conmemorativa, tal como había adelantado este medio cuando se presentó como proyecto.

Fundamentos

El 12 de junio se instituyó por Ley Nacional N° 26.809 el “Día de los adolescentes y jóvenes por la inclusión y la convivencia contra toda forma de violencia y discriminación” en la Argentina, en conmemoración del natalicio de Ana Frank. La norma establece que el Consejo Federal de Educación, el Ministerio de Educación de la Nación y las autoridades educativas de las distintas jurisdicciones acordarán la inclusión de esta fecha en los calendarios escolares de las distintas jurisdicciones educativas. Pero además insta a “la realización de las actividades conmemorativas que consideren necesarias para difundir los ideales de Ana Frank, introducidos a través de su diario, promoviendo el protagonismo de adolescentes y jóvenes en la lucha contra el prejuicio, las prácticas discriminatorias y la opresión, fortaleciendo así una sociedad más democrática, y la plena vigencia del paradigma de los derechos humanos”.

En ese sentido, el 29 de octubre –a través de la Resolución del Consejo Federal de Educación CFE N°212/13– se dispuso la incorporación al calendario escolar. El Centro Ana Frank Argentina abrió sus puertas al público en su sede en nuestra ciudad el 12 de Junio de 2009, con motivo del 80 natalicio de Ana Frank. Emplazado en la calle Superí 2647, funciona en una casa donada por una familia solidaria: en ese lugar se instaló un museo y las oficinas desde donde se coordinan todas sus actividades. Su objetivo principal está orientado al desarrollo de propuestas educativas basadas en una pedagogía de la memoria y la esperanza. Este centro tiene una recreación escenográfica de los ambientes de la casa donde Ana se escondiera junto a otras siete personas, siendo única en Latinoamérica. La historia y el legado de Ana Frank en el relato de jóvenes guías voluntarios, movilizan las dimensiones del conocimiento, de la emoción y de la reflexión para la acción de los participantes permitiendo abordar las tensiones de la diversidad desde una perspectiva que los implica y compromete. Específicamente, se trata de un espacio orientado a promover reflexiones acerca de la discriminación, la violencia, la construcción de convivencia en la diversidad y los Derechos Humanos.

Es necesario señalar que en este centro se organizan propuestas que fomentan la lectura y la escritura; talleres y seminarios de capacitación docente; viajes culturales a Holanda y Alemania con adolescentes, educadores de todos los niveles, funcionarios y miembros parlamentarios; muestras itinerantes en diferentes espacios y jurisdicciones; espacios de encuentro con sobrevivientes de la Shoá (Holocausto), entre otras líneas de acción. El Centro, con la colaboración del Ministerio de Educación de la Nación y Educ.ar, desarrolló un sitio para trabajar sobre los aspectos históricos y actuales del tema. Incluye textos, fotografías, videos, testimonios y reflexiones para abordar el tema en aula. Asimismo, el sitio cuenta con diversas actividades destinadas a docentes y alumnos. En el año 2008, el Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires realizó una publicación del Diario de Ana Frank para ser utilizada para la enseñanza en el nivel medio, la transmisión de sus ideales y los valores que Otto Frank ayudó a impulsar con la publicación del mismo. Este año es especial, ya que se conmemora el 75° aniversario de la liberación de los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau, siendo el 27 de enero el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto instituido por las Naciones Unidas por medio de la Resolución 60/71. Es oportuno recordar que Ana Frank fue una de las víctimas que fue enviada al campo de concentración nazi de Auschwitz el 3 de septiembre de 1944 y, más tarde, al campo de concentración de Bergen-Belsen, donde murió de tifus antes de que éste fuera liberado.

Por lo expuesto, creemos que es necesario seguir fomentando una memoria activa, que apoye la visibilidad del problema social de la discriminación y de todas las formas de violencia. Que la Ciudad de Buenos Aires lo realice a través de la figura y de la historia de Ana Frank y al cumplirse el 75° aniversario de Auschwitz le otorga un plus en la conciencia colectiva.
Ana Frank nace en Fráncfort (Alemania). Margot era la hermana mayor de Ana. Las cosas no van bien en Alemania: hay poco trabajo y mucha pobreza. También es necesario señalar que la familia de Ana Frank sufrió, como muchos otros, la persecución imperante en ese momento. Al mismo tiempo, Adolf Hitler obtiene más y más seguidores con su partido. Hitler odia a los judíos y los culpa de todos los problemas en el país. Asimismo, juega con los sentimientos antisemitas que prevalecen en ese momento. Debido a este odio a los judíos y la mala situación económica, los padres de Ana, Otto y Edith Frank deciden mudarse a Ámsterdam. Otto comienza allí una compañía que se dedica al comercio de pectina, una sustancia para la preparación de mermelada.

Ana se adapta rápidamente y se siente como en casa en los Países Bajos. Aprende el idioma, encuentra amigas y va a una escuela holandesa en el vecindario. Su padre trabaja arduamente en la compañía, pero no le es fácil comenzar una nueva vida. Otto intenta establecer un negocio en Inglaterra, pero no lo consigue. Finalmente, encuentra una solución, sumando al comercio de pectina, la venta de hierbas y especias. El 1 de septiembre de 1939, Ana tiene en ese momento 10 años, la Alemania nazi invade Polonia: la Segunda Guerra Mundial ha comenzado. No mucho tiempo después, el 10 de mayo de 1940, los nazis también invaden los Países Bajos. El ejército holandés se rindió cinco días después. De a poco, pero seguros, los ocupantes introducen numerosas leyes y regulaciones que dificultan la vida de los judíos. Los parques, cines y tiendas, entre otras cosas, están prohibidos para los judíos. Debido a estas reglas a Ana se le permite ir cada vez a menos lugares. Su padre pierde el control de su compañía, porque los judíos ya no pueden ser propietarios de compañías. Todos los niños judíos, incluida Ana, deben ir, separados, a una escuela judía.

Así los nazis van avanzando lentamente cada vez más. Los judíos deben usar una estrella de David y hay rumores que todos los judíos deben abandonar los Países Bajos. Cuando Margot recibe un aviso el 5 de julio de 1942 para presentarse a trabajar en la Alemania nazi, sus padres desconfían. No creen que se trate de trabajo y deciden esconderse al día siguiente. Pasan a la clandestinidad para escapar de la persecución. En la primavera de 1942, en la Casa de atrás de su compañía en la calle Prinsengracht 263, el padre de Ana comenzó acondicionar un escondite. Recibe ayuda de sus viejos colegas. No mucho tiempo después llegan cuatro personas más para esconderse en la Casa de atrás. El lugar es un poco apretado, Ana debe andar sigilosamente y, muchas veces, tiene miedo.

Para su decimotercer cumpleaños, Ana recibe un diario como regalo y todavía no se ha escondido. En los dos años que se esconde, Ana escribe sobre lo que ocurre en la Casa de atrás, pero también sobre lo que siente y piensa. Además, escribe cuentos, comienza una novela y escribe citas en su Cuaderno de frases bonitas, que copia de los libros que lee. Así es como la escritura la ayuda a que el tiempo transcurra.

Cuando el Ministro de Educación del gobierno holandés desde Inglaterra, a través de Radio Orange, hace un llamado a guardar diarios y documentos de guerra, a Ana se le ocurre la idea de reescribir sus diarios sueltos en una sola historia con el título HetAchterhuis (La Casa de atrás).
Ana comienza con la reescritura de su diario, pero antes de que termine, los oficiales de policía la descubren y arrestan junto con los demás escondidos, 4 de agosto de 1944. La policía también arresta a dos de los protectores. Hasta el día de hoy, no se sabe cuál fue el motivo para la incursión policial.

A pesar de dicha incursión, parte de los escritos de Ana son conservados: dos protectoras salvan a los papeles antes que la Casa de atrás sea vaciada por los nazis. Los escondidos están primero en la oficina de la policía de seguridad alemana (Sicherheitsdienst), de ahí pasan a la prisión en Ámsterdam y el campo de tránsito Westerbork, hasta que los nazis los trasladaron al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau. El viaje en tren dura tres días, allí Ana se encuentra con más de otros mil prisioneros, en un vagón totalmente abarrotado, para transporte de animales. Hay poca comida y agua y solo un barril como retrete.

A su llegada en Auschwitz, los médicos nazis realizan una selección y deciden quién puede realizar trabajos forzados. Aproximadamente unas 350 personas que fueron trasladadas con Ana son asesinadas, directamente a su llegada, en las cámaras de gas. Ana es enviada al campo de trabajo para mujeres con su hermana y su madre. Otto, en cambio, va a un campamento de hombres.
A principios de noviembre de 1944, Ana es trasladada nuevamente. Junto con su hermana, es deportada al campo de concentración de Bergen-Belsen. Sus padres permanecen en Auschwitz. Las condiciones en Bergen-Belsen también son miserables: casi no hay comida, hace mucho frío y Ana, al igual que su hermana, contrae fiebre tifoidea. Ambas fallecen a consecuencias de esa enfermedad, primero Margot, poco después Ana.

De todos los escondidos, solamente Otto sobrevivió a la guerra. Es liberado de Auschwitz por el ejército soviético y, durante su largo viaje de regreso a los Países Bajos, toma conocimiento que su esposa Edith ha fallecido. Una vez allí recibe la noticia que Ana y Margot tampoco sobrevivieron.

Los papeles que se conservan del diario de Ana causan una profunda impresión en Otto. Así lee que Ana quería convertirse en escritora o periodista y que tenía la intención de publicar las historias sobre la vida en la Casa de atrás. Los amigos convencen a Otto para que publique el diario y, el 25 de junio de 1947, HetAchterhuis (conocido en español como El Diario de Ana Frank) es publicado en una edición de 3.000 ejemplares.

Y desde entonces no se detiene: el libro se traduce a cerca de 70 idiomas, se escribe una obra de teatro y una película. La gente de todo el mundo se familiariza con la historia de Ana y en 1960 el escondite se convierte en un museo: la Casa de Ana Frank. Otto permanece estrechamente involucrado, tanto con la organización como con el museo Casa de Ana Frank hasta su muerte en 1980: él espera que los lectores del diario tomen conciencia de los peligros de la discriminación, el racismo y el antisemitismo.