Cartas de lectores
Recuerdo en noche de carnaval cruzando el Parque Saavedra: vamos que Saavedra la hacemos entre todos
Acompañarme en este sueño y anclarlo para todo el barrio
Nací y me crié en Pompeya, entre tango y veredas con historia. Ahí aprendí el olor a barrio y el peso dulce de la nostalgia. Conocí el amor y me trajo a Saavedra. Me abrió sus calles y me adoptó sin preguntas. Y cada vez que veo el retrato de Roberto Goyeneche, el Polaco, siento que me guiña un ojo y me recuerda quién soy. Porque el barrio no se deja. Se lleva en la voz, en la mirada… y en el corazón. ♫…Barrio, barrio que tenés el alma inquieta, de un gorrión sentimental ♫
Te lleva bien al fondo del recuerdo: a la niñez, a la plaza, al tiempo sin apuro. La vida nos regaló en este parque mágico una calesita, como las de antes, sin pantallas ni ruidos modernos… pura vuelta y sueño. Y sé que también va a quedar clavada para siempre en el corazón de mi hijo.
Anoche crucé el parque con mi compañero de vida. Él nació en este arrabal y, cuando habla del carnaval de aquellos años, la voz se le vuelve emoción. Me cuenta que era la fiesta más esperada del barrio, la noche donde todos se encontraban y el corazón latía al compás de los músicos y grandes cantores.
Y en sus ojos se tiñen y comienza el recuerdo. Y se le nublan los ojos, se le humedecen, y arranca el recuerdo… los cuentos de la vieja y de la tía, ahí, bajo la sombra de los mismos árboles que vieron pasar tantas suelas gastadas y tantos sueños de pibes. El carnaval era puro berretín del bueno. Orquestas en vivo metiendo fueye y compás, picardía sana y farra sin maldad. Nada de política ni de discursos: era el barrio hecho abrazo. Las noches se encendían con lamparitas de colores y el empedrado se volvía pista. Se bailaba, se reía, se chamuyaba bajito. Y si a alguno le pintaba un problema, no quedaba en banda: los vecinos se arrimaban y daban una mano sin preguntar demasiado. Así era el arrabal… corazón abierto y tango en la sangre, puro barrio.

Revolví la caja de fotos y, entre papeles amarillentos, me contó que la vieja arrancaba a coser el traje del carnaval meses antes. Puntada va, puntada viene, soñando la noche esperada. Con las amigas se ponían de acuerdo —meta charla y mate— para ver de qué se iban a disfrazar. Todo era misterio y risa cómplice. Y les pedían a las nonas que hicieran de chaperonas, así podían arrimarse a la pista y sacar a bailar al galán que les movía el piso. Era la gran fiesta del barrio, la cita marcada en rojo. Ahí se cruzaban miradas, nacían los primeros chamuyos y, sin darse cuenta, empezaban historias que después se volvían amor del bueno. … ♫ Hay un fuelle que rezonga en la cortada mistonga, mientras que una pebeta, linda como una flor, espera coqueta bajo la quieta luz de un farol ♫

Las abuelas del barrio siempre le tiran un saludo a mi esposo, preguntan por este o aquel vecino, por la familia de toda la vida. Por eso les dejo unas fotos: Chola, Beatriz… y otras caras que no sé bien quiénes son, pero que seguro guardan su historia en algún rincón, y quizás de tu gente también. El barrio queda prendido en la memoria de todos: en cada saludo que se cruza, en cada foto que pasa de mano en mano, susurrando historias viejas y secretos de esquina que el tiempo no se llevó. … ♫ Viejo barrio, perdoná si al evocarte se me pianta un lagrimón, que al rodar en tu empedrao es un beso prolongao que te da mi corazón ♫.

A la querida calle Paroissien, la de mi tío Víctor, donde encontró el amor de mi tía Laura… calles que todavía guardan sus secretos de amor, susurros que se escapan entre los portones y los zaguanes gastados por el tiempo. Un saludo al cielo para vos, tío, que desde allá seguís alentando al Club Atlético Platense, el Calamar, como siempre lo hiciste con el corazón, y antes de irte se te cumplió; tanta fuerza que hiciste… cuánta garra.
Y a vos, sí, a vos que leíste la nota, te pido un favor: ayudame. Tengo una ilusión. El barrio lo hacemos entre todos. Nosotros creamos nuestros recuerdos. Que Saavedra cuente mil historias de familias, de amor, de encuentros y desencuentros…
Anoche crucé el parque; eran las dos de la mañana. El césped nuevo estaba cubierto de botellas y latas. Cuidemos nuestro barrio. Respetemos a nuestros vecinos. Entre letras y recuerdos te regalé un tangazo… ¿sabés cuál es?
Y te propongo algo más: se viene otro momento mágico. Antes de que llegue el Mundial, que Saavedra se vista de celeste y blanco. Que cada casa y cada esquina tengan la patria a flor de piel. Que los chicos, y no tan chicos, recuerden el año 2026 en que el barrio se llenó de banderas esperando una nueva fiesta. Y que, con la bendición de Dios y un guiño del Diego, soñemos otra estrella en la camiseta y otra copa levantada por el pueblo argentino campeón. Porque el barrio es memoria, es presente y es esperanza. Y late, como un tango, para siempre.
Que marzo arranque la fiesta y que nuestro barrio marque el fiestón. Poné en la puerta la celeste y blanca que palpite, que el barrio comience a rugir y que Saavedra se ponga a latir al compás de Argentina campeón.
Contame tu sueño….
Lorena Dadino
Abogado


