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El Barrio

En pandemia, volvió a pintar y creó su emprendimiento de acuarelas: “Me parece mágico, me transporta”

Para la vecina Lorena Austin todo empezó como “un cable a tierra” y derivó en una forma de reencontrarse con la pasión que hacía tiempo no experimentaba. 

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Lorena Austin sentía gusto a poco al pintar mandalas durante el encierro de la pandemia. “No me llamó la atención, pero quería un cable a tierra”. Si bien hizo talleres y creó obras con óleos y acrílicos, hacía años no tocaba un pincel. Dándose una segunda oportunidad, una tarde con barbijo y protocolos fue hasta una librería y volvió al hogar con unas hojas y acuarelas. Se propuso una nueva técnica artística para nuevos comienzos y descubrimientos.

Hoy, esta vecina de Saavedra lleva adelante su emprendimiento LA acuarelas, con trabajos a pedido. “Me pongo feliz cuando alguien me elige para tener un pedacito de mí en su casa, es todo un honor”.

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Lorena, que hace 14 años vive en el barrio, hizo un cambio en lo profundo de su perspectiva y también en el cotidiano que la rodea: “Me armé un escritorio improvisado, no tenía ninguno en mi casa. Conseguí dos caballetes y un tablón de pino en una maderera del barrio, lo pinté en la terraza, lo acondicioné y empecé a pintar. Amo profundamente pintar con música, es el mejor estado”.

Utilizar la técnica de las acuarelas renovó su forma de pintar, ese arte que desde chica le gustaba y del que estuvo alejada tanto tiempo. “Me parece mágico, me transporta”, dice sobre la forma en que se mueven los pigmentos. “Me lo imagino y pienso los colores antes de empezar. Y empiezo a plasmar lo que me imaginé”.

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“Lo que más me gusta es ver fundir el pigmento en el agua, y luego observar cómo se tiñe el papel a medida que vas haciendo el trazo. Me encanta el degradé que se logra con las acuarelas según la cantidad de agua que uses en los colores. También me gusta mucho porque tenés que estar atento a la vez, la acuarela no tiene muchas opciones de corregir sobre la marcha, y el agua muchas veces va para donde quiere”, describe sobre el proceso.

Lorena nos cuenta que una de sus primeras influencias fue Claude Monet y también pasó por explorar el trabajo de Van Gogh, Frida Khalo. “Hasta que descubrí un poco más de grande a Gustav Klimt que me enamoró su arte. Desde chica me gustó siempre viajar, y a donde he ido, tuve la oportunidad de visitar sus museos”.

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Tiempo atrás, luego de hacer talleres de dibujo y pintura, compuso varios cuadros que fue regalando hasta perderles el rastro, sin más. Esta vez, la historia ha sido distinta. Dice que es gracias a sus amigos: “Empecé en casa a pintar cosas chicas y las subía a mi cuenta personal de Instagram. Recibí mensajes alentadores. Agus, una amiga de la infancia, me dijo: “Lore quiero comprarte una de tus acuarelas”. Imagínate. Le dije de regalarsela, pero ella insistió. Confió en mí y me dio pilas para pintar y mostrar más”.

https://www.instagram.com/p/CFYZ49XDhpS/

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El paso siguiente, fue empezar a subir su trabajo a redes sociales, para eso se creó una cuenta en Instagram exclusiva del proyecto. “Fue toda una hermosa sorpresa”, señala sobre la respuesta de los usuarios, quienes le hacen pedidos puntuales o le piden trabajos ya expuestos. “Me encontré creando y generando contacto con personas que no conozco pero que conectamos a través del arte, sentir que lo que pinto llega a otras personas me genera algo lindo, tan lindo que es difícil de explicar”, celebra.

“Actualmente no cambio por nada a mis acuarelas”, dice con orgullo Lorena, que se reencontró con su pasión por la pintura al dejar un mandala a medio hacer. La mejor obra inacabada de este tiempo.

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Esta vecina, con 14 años en el barrio, a la hora de hablar de Saavedra destaca a “su gente y el parque”. “Creo que somos unos privilegiados al tener este hermoso pulmón verde en el medio de la ciudad. Amo sus calles de casas bajas, Saavedra tiene espíritu de barrio que aún se conserva y eso a mí me encanta”.

Cuando no está en su estudio hogareño con las acuarelas, nos cuenta qué sitios gusta visitar: “Me gustan muchos lugares. Solo por nombrar algunos. El centro del parque, justo en el centro hay un pino muy grande. Otro es caminar por el boulevard de García del Río. Tomar café con una rica torta en Moshu. Los helados de Vía Varese. Las medialunas de Te de a Tres. Comer una picada en el Bolichito ex Cornelio bar. Y las empanadas del Fortín. Lo que más me gusta es disfrutar del parque, a toda hora y todos los días”.

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