Gabriel Denaro, vecino de Villa Pueyrredón, fanático de Platense y cofundador de Leones del Abasto “Me apasiona ser entrenador de fútbol”

De chico jugó en el Club 17 de Agosto, estudió el instructorado y ahora es coordinador de una escuela de fútbol en Balvanera con más de 11 años de vida y un centenar de jugadores y jugadoras.

Gabriel Denaro tiene 33 años y es vecino de Villa Pueyrredón de toda la vida. Desde chico le gusta el fútbol, hizo sus primeras gambetas en el Club 17 de Agosto y más tarde estudió para ser entrenador. Con un colega fundaron hace 11 años la escuela Leones del Abasto, que cuenta con alrededor de 100 jugadores y jugadoras en varias categorías de infantiles, futsal y fútbol femenino.

Como hincha, se define Calamar. De hecho en redes sociales se lo puede ubicar como Gabo Calamar. “Es una pasión que viene de la familia de mi vieja. Mi abuelo me hizo hincha. Él y mi tío (quien llegó a ser ayudante de campo en primera división) me llevaron a la cancha desde los ocho años. Vi al Calamar jugar en primera. De adolescente fui con mi grupo de amigos, comparto la pasión con ellos y al día de hoy vamos. En la adolescencia lo hice hincha a mi viejo, que no es futbolero. Eso lo viví eso como una alegría.  Somos todos socios en la familia”.

En cuanto a sus años como jugador, nos cuenta que entre los siete y los 17 estuvo en distintos clubes de barrio. El primero fue el 17 de Agosto. “Hice toda la etapa infantil allí”, destaca. En la adolescencia jugó fútbol 11, durante dos años, en el Club Atlético Platense y vistió la casaca marrón que tanto alentó desde las tribunas. También lo hizo en el Club Almagro. Sus últimos partidos fueron en futsal en el Club Comunicaciones de Agronomía.

Gabriel define su perfil deportivo: “Me apasiona ser entrenador de fútbol”. Por eso, se tomó en serio la formación. A los 21 años empezó el instructorado de fútbol infantojuvenil en la Asociación Nacional de Técnicos de Fútbol Argentino. También estudió un profesorado de educación física en Vicente López y una tecnicatura en gestión deportiva en el Instituto de River Plate. “Fue para articular bien los conocimientos, sabiendo que siempre me tiró por el lado de ser entrenador”.

Al comienzo del instructorado, empezó sus prácticas deportivas con niños de Balvanera, lo que más tarde dio lugar a Leones del Abasto, la escuela donde hoy es coordinador y entrenador.

En la calle Valentín Gómez, casi Gallo, a pocas cuadras del shopping, hay un club de barrio llamado Homero. Por ese entonces el lugar tenía un perfil social: funcionaba un merendero para los chicos de la calle e incluían prácticas deportivas para distender.

Nos cuenta que un muchacho de la zona estaba a cargo de la actividad futbolística, una incipiente escuelita infantil. Gabriel junto a otro colega empezaron a ayudarle. Más tarde, un año después, este joven regresó a su país de origen y ambos quedaron a cargo de los entrenamientos de los chicos.

“Fue como arrancar de cero, con las raíces de esta escuelita. Le pusimos Leones del Abasto por la garra que los chicos ponían en cada partido. Habían quedado siete u ocho chicos. No teníamos materiales ni nada, por eso estructuramos objetivos en común que con el correr de los años lo fuimos logrando”.

“Cuando armamos el escudo y la camiseta mi compañero eligió un color (amarillo) y yo otro (marrón). En mi caso, tocó mi pasión porque elegí el color del Calamar”, cuenta como seña distintiva. Como una especie de camino y legado, los colores que Gabriel había alentado de niño con sus seres queridos y defendido de adolescente en las canchas de 11 ahora estaban en la casaca de la escuela que él mismo había fundado.

“Somos una escuela con una cuota muy accesible para que nadie se quede afuera. Empezamos en torneos y competencias. Lo inscribimos en Fefutin, en torneos de liga. En los últimos cinco años unificamos las prácticas en Open Gallo (un complejo a la vuelta del Club Homero), que permitió sumar más chicos. Con el correr de los años agregamos el futsal para adolescentes en una liga recreativa y el fútbol femenino, en una categoría libre de 17 años en adelante”.

“Hoy Leones tiene aproximadamente 60 jugadores de infantil, 20 jugadores de futsal, 20 de fútbol femenino. Rondamos los 100 jugadores y jugadoras. Inscribimos nenas para que jueguen con los chicos en infantiles, lo cual es una experiencia positiva”.

De los pases y gambetas en el 17 de Agosto a fundar una escuela de fútbol con más de 10 años de vida y un centenar de atletas. La pasión de Gabriel echó raíces de forma comunitaria, generando un espacio para el deporte, pero también para la diversión, los valores y la pertenencia.

Publicado en Revista La Unión