La Comuna
Carta de una médica de Villa Urquiza se vuelve viral: “Los de la primera línea empezamos a caer”
Pide que las autoridades cuiden a los profesionales de la salud al brindarle el equipamiento necesario a fin de evitar contagios.
Laura Cortés, médica del Hospital Tornú y del Centro Flemes de Villa Urquiza (Blanco Encalada 5384, Comuna 12), redactó una popular carta donde pide respeto e insumos para los profesionales de la salud.
“No necesito, no quiero más aplausos, me enojan”, introduce la nota. Pide que las autoridades (de la Ciudad y de la Nación) cuiden a los profesionales de la salud al brindarle el equipamiento necesario a fin de evitar contagios de coronavirus dentro de hospitales y clínicas. “Los de la primera línea empezamos a caer”, enfatizó.
“Para nosotros no hay piedad, somos esclavos desnudos expuestos en la arena de un circo romano. Los políticos, dueños de una verba y una soberbia única hoy se atreven a hacernos responsables de los contagios en nuestra población. Qué triste y pobre papel, qué mirada abyecta y miserable”, suma.
Dice que no quiere ser “una heroína ni ser veterana de una guerra”. “Solo quiero volver a mi casa y abrazar a los míos”, suma y pide que las autoridades brinden “toda la seguridad posible” para su desempeño profesional.
En las últimas horas, un texto de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (Fesprosa) decía que Argentina “tiene la tasa más alta de personal de salud infectado con coronavirus a nivel mundial”.
Una investigación del sitio Chequeado refutó la afirmación y concluyó que no existen datos sistematizados a nivel mundial para llegar a esa afirmación. Fuentes del Ministerio de Salud de la Nación dijeron a ese medio que, al 19 de abril, el 15,1% de los contagios en el país eran de profesionales de la salud.
La carta completa
La falta de respeto por nuestra integridad y dignidad es inconcebible. Los políticos, ministros, asesores, gremialistas hablan, hablan, hablan.
Mientras tanto nosotros, los trabajadores de salud, sufrimos, nos enfermamos, tenemos miedo, empezamos a morir. No quiero más aplausos, no los quiero. Quiero que me respeten, que me cuiden, que me valoren. Carteles, propagandas televisivas y radiales, volantes por doquier. Hablan, opinan, nos señalan, nos culpan.
Mientras tanto nosotros, los de la primera línea, empezamos a caer. Para algunos el brote está dominado, la curva aplanada, “estamos ganando”. Para nosotros no hay barbijos, no hay camisolines, no hay máscaras, no hay escenarios seguros de trabajo, no hay test, no hay paz. Para nosotros no hay piedad, somos esclavos desnudos expuestos en la arena de un circo romano. Los políticos, dueños de una verba y una soberbia única hoy se atreven a hacernos responsables de los contagios en nuestra población. Qué triste y pobre papel, qué mirada abyecta y miserable.
Dejen de hablarle a la población, acérquense a nosotros, vean en qué condiciones trabajamos, en que soledad y desesperación. Escribo estas líneas y se me oprime el pecho, se me anuda la garganta. Escucho y leo la inmensa desesperación de mis compañeros, veo el miedo en sus rostros, escucho el temblor en sus voces.
No necesito, no quiero más aplausos, me enojan.
No quiero más comunicados de mi gremio. No quiero más declaraciones ni discursos. No quiero una placa que diga aquí descansa una heroína ni ser veterana de una guerra a la nos mandaron sin pertrechos, no quiero ver sufrir a mis compañeros de todos los días, no quiero llorarlos. Soy tan simple, tan sencilla que sólo quiero volver a mi casa y abrazar a los míos, sabiendo que lo puedo hacer porque alguien decidió ser digno del cargo que enarbola y se puso a mi lado y me cuidó y se ocupó de darme toda la seguridad posible para que hiciera lo único que sé hacer, lo único que elegí, lo único que amo: ser médica.


