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Cartas de lectores

Barrio, luz tenue de las callecitas de otro tiempo

Texto del periodista Mariano González Vilas en el 146 aniversario de Saavedra. Escribinos a [email protected].

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No es posible explicar los fundamentos del amor en general ni del amor al barrio en particular. Quizás haya que contentarse con la posibilidad de vislumbrar la premisa que lo sostiene a ese amor. Premisa que por obvia puede aparecer con las ropas de lo banal: la casa de uno está en el barrio pero el barrio no está dentro de la casa, sencillamente no cabe allí adentro.

El barrio es, precisamente, todo lo que está fuera, del otro lado del umbral, filtrándose por las ventanas a medio cerrar. 
Es la música del vecino que regresa a su patria meciendo las mañanas de un domingo con el arrullo de una radio en AM. Es el camión desvencijado perturbando el silencio en busca de tesoros imposibles con la voz impostada y el cansancio derrotado.

Avenida García del Rio / Foto: Saavedra Online

El barrio es el último afilador y el primer canillita; las piernas incansables de un churrero pedaleando entre escuela y escuela; las vecinas baldeando las penas de veredas ajenas.

El barrio es un viejo que parado en la puerta de un mundo que ya no habita, ve pasar los recuerdos de un mundo deshabitado también, mientras titubea palabras al pasar con los habitantes circunstanciales de la cuadra, apurados hacia un destino similar.

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Saavedra respira al Polaco Goyeneche

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El barrio es la inalcanzable niñez, remota como el baldío al que estaba vedado pasar. Por eso, por ser el barrio reflejo de la niñez; es también un mundo moldeado por la nostalgia de los paraísos perdidos pero a los que, de vez en cuando, logramos volver.

Y algunas tardes cuando las calles callan y las farolas quemadas lo devuelven a su penumbra original, un aroma lejano y añejo nos invade el pecho y nos devuelve por unos segundos a los tibios mediodías de verano cuando la siesta reinaba y, a su espalda, nosotros gobernábamos un barrio hecho de goles y vereda, de cantos y carreras, de mundos reducidos.

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Las vereditas de mi barrio tienen ese qué sé yo, viste…

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El barrio es la luz tenue de las callecitas de otro tiempo ensombreciendo una pena inextricable. Los colores del amor curtiendo de marrón los ojos y la piel. Las gargantas anudadas y el sueño de volver.

El barrio es un rumor de tango que se cuela en el recuerdo de adoquines y que persiste aun en el cielo de la modernidad, pedaleando a contratiempo con la voz quebrada.

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Plaza Benjamín Vicuña Mackenna / Foto: Saavedra Online

El barrio es, también, la ignorancia de los que no entienden de amores y faroles, de olores a lavanda y gomeros estrujando un corazón cuando la distancia se acrecienta.

El barrio es ese amor que resiste.

El barrio es todo lo que pasa en sus venas de calles y café, de vino y madrugadas y que inunda las nuestras.

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